viernes, 15 de agosto de 2008

Las tres cervezas de mi vida

Una noche fría en pleno mes de noviembre decidí salir con mis amigos a tomarnos unas copas en los pubs de la ciudad. Allí me presentaron a una chica guapa, 22 años, ojos azules y pelirroja.



Nunca me había emborrachado, siempre fui un chico sano en ese sentido, pero no sé si por la ceguera que tenia con esta chica enfrente o porque quería probar como era eso de “ir contento”, esa noche me salte las reglas.



Una vez que me bebí tres cervezas negras de buena calidad y con más de 13º de alcohol, decidí acompañar esta chica a su casa para que no se fuera sola a las 3 de la madrugada. Una vez en la puerta de su casa, tenía que volver a mi casa, pero como íbamos como cubas ella decidió acompañarme, caminando por las calles oscuras de la ciudad, con luces tenues y solas y haciendo ochos. Nos sentamos en un banco para solucionar el problema:



- ¡Tío! Como sigamos así, en la vida llegaremos los dos acompañados a casa… ¡jajaja! – saltaba una carcajada, efecto del alcohol.

- Joder, pues hay que remediarlo – dije. En ese momento hubo un pequeño silencio, un silencio que significaba que los dos queríamos algo, pero ninguno de los dos se decidían. En ese momento, salió mi yo que sale solo cuando voy bebido (la primera vez que lo descubrí)- Oye, podemos hacer una cosa: vente a mi casa a dormir – dije con valentía-.

- Pero si solo tienes una cama, y es muy pequeña – dijo ella brillándole los ojos.

- Bueno, ya haremos hueco para que los dos quepamos en esa ridícula cama – dije animado, viendo que ella me seguía el juego.



La cama no era muy grande. Era una cama de 90, pero para mi era de 70.



Una vez que llegamos a mi casa, ella durmió con los pantalones vaqueros que llevaba esa noche. Yo me puse mi pijama gris.



Allí los dos nos fumamos en la cama, pero como esa noche precisamente no era para dormir, los dos nos quedamos hablando. Nos pusimos a ver videos del Youtube, paginas webs....



Los ojos se nos iba cerrando del sueño que llevábamos los dos encima, aparte del alcohol de la cerveza, por lo que decidimos apagar y dormir entre risas de “yo no quiero” y “ni tu tampoco”.



Tras una hora de tonteo a oscuras en la cama y hablando cara a cara con las cabezas apoyadas en la pequeña almohada que tenia, que hacia juego con la cama.



El cansancio pudo con nosotros, por lo que los dos dejamos de hablar, pero algo había en nuestro cuerpo que queríamos algo más que una noche juntos en una cama y sin hacer nada.



A los cinco minutos, sentí unos labios jugando con los míos… A partir de ese momento, llegué a la conclusión de que de vez en cuando no esta nada mal “ir contentillo”.

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